El Olor de los Elotes. La Ciudad de México, escenario de un viaje interior sin retorno posible, da cobijo a una galería de personajes obsesivos y de historias trágicamente entrelazadas. En las espesas tinieblas de la inmensa megalópolis se va desvaneciendo Alejandro, un profesor desengañado dedicado a investigar rituales religiosos urbanos que convocan a delincuentes, sicarios y prostitutas.
Secuestrado y convertido en el autor involuntario de una novela delirante escrita en el más sórdido e inesperado cautiverio, el protagonista mezcla tramas que transcurren fuera y dentro de dos narraciones trenzadas. La imagen de la Santa Muerte mexicana y el olor de los elotes asados anudan los múltiples relatos con una soga, creando una atmósfera desasosegante. Ambas narraciones desembocan en la más intolerable de las ficciones, aquella en la que consiste toda existencia marcada por la enfermedad de la literatura, la invención y la frágil verdad de todo aquello que un día tuvimos por real.
Manuela Cantón Delgado, profesora de Antropología Social en la Universidad de Sevilla (España), se ha servido de los escenarios de sus etnografías y de algunos de sus temas, como la religión a algunas formas radicales de cristianismo, para inventar una ficción en torno a un culto urbano en el Distrito Federal.
Publicado por la editorial Séneca, de El olor de los elotes Manuela Cantón nos cuenta lo siguiente: "La visión del Distrito Federal que la novela transmite no es idílica, pero México vive en mi imaginación más intensamente que ningún otro país. Puede ser un homenaje sombrío, pero es un país que me ha fascinado como ningún otro, que amo y lo peor de la novela no sucede en México, sino en el mundo que invento...".
Manuela Cantón
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